La chica con la que no dejaban ir a los niños

Forgotten Gem
The Bad Example - cover
Das Mädchen, mit dem die Kinder nicht verkehren durften
Kiepenheuer & Witsch
206pp

Corre el verano de 1918 y nuestra anónima narradora es una criatura de diez años. La protagonista, una niña marimacho, se dedica con alegría a atentar contra las leyes y la integridad física de los demás; mete miedo a los mayores con calaveras, pega a otros niños, lanza bombas de agua, causa por accidente la inundación de un edificio recién construido, falta a la escuela para irse a comer helado, planea luchar con un oso, hace pequeños hurtos, cría en secreto un perro en el ático de sus padres y fantasea con azuzar a un león para que ataque a la directora de la escuela. Al mismo tiempo, la niña contempla cómo llega a su fin la Primera Guerra Mundial.

Irmgard Keun narra en esta novela una infancia en Colonia en tiempos de guerra desde el punto de vista de una criatura a la que el mundo adulto ha asalvajado con sus maniobras, sus complicaciones, sus leyes no escritas y su modo enigmático de comportarse. La niña solo piensa en su pandilla de amigos revoltosos, en no hacer caso de la escuela ni de las reglas y en planear dónde y cómo hará la próxima trastada. Poco a poco, el lector va entendiendo que la escasez de comida se debe al racionamiento y la inquietud del padre por su trabajo está causada por la difícil situación económica.

El encuentro más conmovedor con la realidad de la guerra está descrito en un episodio muy característico: la niña quiere pelear con un oso de circo, pero el plan se viene abajo porque el oso ha pasado demasiada hambre como para ser un contrincante creíble. El oso se morirá mientras la niña planea traerle miel. Y el lamento de la niña –«No le daban de comer, la culpa es de la guerra, me gustaría que hubiese paz, me gustaría que el oso estuviese vivo... ¡Quiero que el oso vuelva a la vida!»– se convierte en un genuino clímax emocional precisamente por su conmovedor tono absurdo. Absurdo, pero también absurdamente humano. Estas páginas de Irmgard Keun son una novela sobre niños, pero no es solo para niños. La pequeña salvaje, enfadada y resentida, pero amable e inocente a la vez, recuerda a las protagonistas de Astrid Lindgren y Noel Streatfeild, personajes divertidos que despiertan la simpatía del lector pero sin llegar a la caricatura. La niña tiene un ramalazo de maldad que la impide volverse demasiado extravagante, mientras que su optimismo e ingenuidad impiden que se nos vuelva antipática.

Irmgard Keun conoció un éxito inmenso en la Alemania de entreguerras. Gilgi, su primera novela, fue un éxito instantáneo que le proporcionó sólido renombre. La manera en que pintaba mujeres jóvenes que seguían sus propias reglas, rechazando los roles convencionales de su sexo –aunque con ello se enfrentaran a los conceptos morales de la época–, fue un rasgo que rompió los límites establecidos. Como tantos otros escritores, después de la guerra cayó en el olvido, hasta que la revista alemana Stern publicó a finales de los años 70 una serie sobre escritores perseguidos durante el nazismo. En sus últimos años, Keun pudo disfrutar por fin de un merecido reconocimiento: sus novelas se reeditaron y volvieron a tener enorme éxito. Para Keun, en cualquier caso, la fama llegó demasiado tarde. Falleció en 1982.

En los últimos años, el público angloparlante está redescubriendo la obra de Keun. Publicada en alemán en 1936 y traducida al inglés en los años 50, "La chica que...", primera novela que Keun escribió en el exilio, rememora la Colonia de su propia niñez. Descatalogada en el Reino Unido y los Estados Unidos, la novela va a reeditarse en alemán a manos de Kiepenheuer and Witsch. En este relato elegíaco, divertido y sincero sobre una marimacho asilvestrada, Keun demuestra conocer verdaderamente el atribulado mundo de la infancia y sus diferencias esenciales respecto a la vida adulta; merece la pena redescubrirlo.

Verlag Kiepenheuer & Witsch GmbH & Co. KG (Alemania)

Contacto: Iris Brandt

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