Una joya olvidada

Forgotten Gem
das sonnenkind cover
Das Sonnenkind
Detlev Meyer
Aufbau Verlag
215pp

Berlín a finales de los 50, visto por un niño

A través de Carsten, un niño precoz de nueve años de edad, conocemos la pequeña calle en que vive rodeado del amor y los mimos de su familia y el vecindario. Sus abuelos maternos viven en un piso, más grande y de mejor calidad, situado en el mismo edificio. Carsten va a verlos siempre que quiere; su abuelo materno Max, un tipo vividor, se convierte en su principal compañía. Juntos salen a callejear y darse la gran vida en la Ku'damm de Berlín oeste. Inspirado por los elevados criterios del abuelo en materia de indumentaria, Carsten viste de un modo que le habría acarreado bastantes agresiones de no contar con la protección de Stephan, su hermano mayor. Los amigos, familiares y vecinos de Carsten componen una buena selección de berlineses típicos de en torno a 1960 –aunque se trate de personajes nada normales–, en la que Detlev Meyer curiosea disfrutando con humor sus distintas excentricidades.

Como dice Matthias Frings en el prólogo a esta reedición, «Meyer observa, pero no juzga». Durante décadas, Max ha tenido una amante oficial, su antigua secretaria. Else, la abuela de Carsten, tolera dicha circunstancia, sirviéndose de ella y aprovechándola como excusa para hacer comentarios fulminantes. El vecino de los abuelos es un compositor al que mantiene su esposa, mayor que él. Muy sensible a sonidos como los de los niños o las puertas que chirrían, hace que desde su piso atruene a los vecinos la música contemporánea. Es de reducida estatura, pero por lo visto lo compensa en la cama a juzgar por los otros sonidos que salen de su casa por la noche. Entretanto, Stephan, el hermano ya adolescente de Carsten, empieza a salir con Babsy Walter, una chica de la zona. La descripción que hace Meyer de cómo llegan al instante definitivo del primer contacto físico satisface los criterios literarios definitivos: el sexo está bien.

A través del microcosmos de Carsten, Detlev Meyer nos ofrece un panorama mucho más amplio. En menos de doscientas páginas terminamos conociendo los asuntos de todo el grupo de gente; como en una telenovela, pero con más ironía. En ocasiones, Meyer se desliza a la perspectiva de los adultos y revela hechos que Carsten desconoce, aunque la narración mantiene siempre su toque ligero. Nos enteramos así de las tensiones entre Georg, padre de Carsten, y su familia política; a Georg, pues, le gusta menos que a Carsten vivir en el mismo edificio. Georg luchó en el frente ruso y sigue afectado por lo que vivió, mientras que Max pertenecía al partido y fue un acaudalado directivo durante la época nazi. Max y su esposa se habían alegrado de tener un yerno en el ejército, hasta que empezó a hablar de que la situación se había dado la vuelta y la guerra se perdía, momento en que le tacharon de derrotista. De este modo, entre tantas pequeñeces divertidas se nos revelan también los descontentos de la época.

La historia termina con la muerte de Max. A causa de su diagnóstico de cáncer, le extirpan el intestino delgado y se ve obligado a usar una bolsa de ostomía. Espantado por la vergüenza, se empapa de colonia y se niega a salir de casa si se le ve la bolsa. Los adultos confían a Carsten la misión de convencerlo para que se vista y se anime, y así ambos emprenderán sus últimas y disparatadas excursiones. Max muere en los brazos de su esposa, su amante y su hija. En el velatorio, tras un funeral lleno de lágrimas, Carsten encuentra en el estudio del abuelo una bicicleta recién comprada para él.

Detlev Meyer, consciente desde mucho tiempo atrás de que sufría lo que entonces era una enfermedad terminal, escribió este libro, su última obra, sabiendo que pronto moriría de SIDA. En ningún momento, sin embargo, abundó en el asunto de la muerte, sino que, pese al tono distante que emplea, el libro es una celebración del amor y la crianza. Carsten se monta en su reluciente bici nueva, y eso mismo deberíamos hacer siempre.

  • «Describiendo incisivamente multitud de situaciones cotidianas pero cargadas de emoción, Detlev Meyer nos muestra cuán prometedores pueden ser los primeros años de la vida.» Neue Zürcher Zeitung

Detlev Meyer nació con el «baby boom» y murió de SIDA. Tras estudiar biblioteconomía e informática en Berlín y Cleveland, había trabajado de bibliotecario en Toronto y, más tarde, ejercido trabajo humanitario en Jamaica. En las décadas de 1980 y 1990, Meyer publicó poesía y novelas ambientadas en la bohemia berlinesa de la época, que despertaron grandes simpatías en ese mismo mundo, en la crítica y en el público. Meyer dedicó sus últimos meses de vida a evocar el niño que fue y sus momentos más intensos de felicidad y seguridad. Esta novela, lo último que escribió, es un logrado recuerdo del Berlín de su infancia a finales de los años 50.

Obras anteriores:
"In meiner Seele ist schon Herbst. Eine Gymnasiastenliebe" (1995);
"Biographie der Bestürzung" (trilogía, 1985-89): vol. 1: "Im Dampfbad greift nach mir ein Engel", vol. 2: "David steigt aufs Riesenrad", vol. 3: "Ein letzter Dank den Leichtathleten"

Derechos de traducción disponibles en:
Aufbau Verlag (Alemania)
Contacto: Inka Ihmels
Tel.: +49 302 839 4123
ihmels@aufbau-verlag.de
www.aufbau-verlag.de

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