Se cumplen veinte años de la caída del Muro de Berlín: y nos parece importante y conveniente aprovechar tal aniversario como una oportunidad para pararnos un momento y reflexionar sobre lo que han traído los años posteriores, sin olvidar tampoco lo que los precedió. Hay escritas abundantes páginas magníficas sobre cualquier aspecto de los sesenta últimos años de la historia alemana, tanto en periodismo como en ficción, y por nuestra parte nos honra dar la bienvenida a nuestra sección particular "1989" a algunos escritores realmente especiales:
Así, por ejemplo, Jan Morris, una de mis compañías literarias de cabecera desde el momento en que abrí su libro "Venecia" y descubrí en sus páginas tanta pasión y serenidad y su reacción emocional frente a la mágica ciudad de los Dogos y su arte, algo que muchos de nosotros sentimos, pero sin la capacidad de darle una expresión tan consumada como esta autora. No me cabe duda de que disfrutarán con su evocación de aquel Berlín del periodo que siguió a 1989, elaborada con la calidez y el humor, la claridad y el ánimo siempre esperanzado que la caracterizan.
Es asimismo un placer dar la bienvenida a NBG a Timothy Garton Ash. Al escucharle en el Hay Festival de este año, era patente que quien hablaba, la curiosidad personificada, había vivido muy de cerca numerosos instantes "revolucionarios", y sé que no fui la única en sentirme lista para participar en cualquier revolución a la que él dé el visto bueno. Como muchos de nuestros lectores sabrán, por propia elección vivió un tiempo en la RDA y conoció de primera mano muchas de sus facetas. Su libro "El expediente" es una lectura fascinante, al igual, justamente, que su trabajo para esta edición de NBG, en el que examina la aclamada película "Las vidas de los otros" a la luz de su propia experiencia.
Algunos de nosotros fuimos también lo bastante afortunados para oír en abril, aquí en Londres, a Ingo Schulze en directo en la Embajada Alemana. Sea de ficción o periodística, su obra escrita es siempre sustanciosa y una llamada para nuestra reflexión. Esperamos que, con nosotros, también ustedes verán en un trabajo tan directo como su "Oeste" una invitación – urgente – al diálogo.
El aniversario nos ofrece asimismo una oportunidad muy apetecible de centrarnos en una escritora a la que el mundo anglohablante debería conocer muchísimo mejor: Monika Maron. Es toda una delicia poder publicar extractos del discurso que pronunció este verano al aceptar un premio de peso, y en el que quiso recalcar algo importante: es tiempo ya de que reexaminemos nuestra percepción de eso que llamamos "literatura de la RDA". Y para introducirnos en esta autora, quién mejor que ese crítico de críticos que es
Marcel Reich-Ranicki, que nos guía guiándonos por un elegante trayecto desde Heinrich von Kleist a la misma Maron en persona. Una intensa emoción, sin duda, acoger en nuestras páginas al "Literaturpapst", que añade otra dimensión a nuestra celebración de 1989.
Tenemos también el placer de recordar a otros tres escritores importantes, y tan completamente diversos, en los trabajos de Paul Ingendaay (sobre Walter Kappacher), Peter Thompson (sobre Ernst Bloch) y John Guthrie (sobre Friedrich von Schiller). Otros lujos que nos hemos permitido son un relato breve del maravilloso autor suizo Peter Stamm, en traducción de Michael Hofmann, y otro de ese maestro austriaco del género que es Alois Hotschnig, traducido por David Henry Wilson, mientras que Ian Wallace solicita nuestra atención para recordar a Lion Feuchtwanger, nuestra "Joya Olvidada".
Y volviendo a la capital de Alemania, me pregunto cuál será la personal historial berlinesa de cada lector. ¿Quieren saber la mía? Mi relación con la ciudad empezó tal como se mostraba en 1995, y desde entonces Kreuzberg fue mi hogar durante tantos veranos e inviernos siberianos, que llegué a echar de menos las melodías turcas cuando me marché. Igual que echaba de menos los prolongados desayunos dominicales, o las charlas hasta muy avanzada la noche en torno a una pierna de cordero y bastante vino tinto. En cierto modo, parecía siempre que, allá en los rescoldos, seguía vivo ese trocito de Berlín que había sido el de Christopher Isherwood: ese componente de «todo vale», todos los retos evocados por el sentimiento.
Sabrán perdonarme, espero, que cite a Sally Bowles, al menos tal como aparecía en "Cabaret", en este momento en que me despido de NBG apropiándome de sus palabras: «Europa es un continente tan extenso, mein Herr, / no sólo por arriba y por abajo, sino también de un lado a otro, mein Herr, / no podría yo cruzarlo si lo intentase, mein Herr», ahora que ha llegado la hora de concentrar mis energías en alguna otra parte, hoy tan enriquecidas por los cuatro años y medio en esta publicación.
Y así, con profundo agradecimiento por toda la ayuda y el apoyo recibidos, dirigido en particular a mi asesor editorial, Rivers Scott, y a nuestra brillante diseñadora Suzanne Mobbs, y agradecida también por lo interesante y emocionante del trabajo en sí mismo, digo pues «Auf Wiedersehen», y deseo a la revista un éxito tras otro.
Cordialmente,

Rebecca K. Morrison