Fischer Schatzinsel, febrero 2009, 224 págs. ISBN: 978-3-596-85336-6 Autor&DerechosNadie podría sostener que la cuestión de los abusos a menores sea hoy un asunto poco tratado, por lo que, desde luego, este libro destinado al público adolescente no es precisamente pionero en dicho campo genérico. Pero, en cualquier caso, sí se propone un objetivo de importancia vital: cuenta la historia no desde el punto de vista del adulto indignado que lo lee en la prensa, sino desde el de la víctima, y lo hace con destreza, sensibilidad y buen tino.
En las primeras páginas conocemos a Malvina (cuyo nombre significa "guardiana de la verdad"), una chica que acaba de cumplir los catorce. Su familia es también gente ordinaria, pero en un sentido más bien malo. Están papá, un maestro de escuela autoritario y sin demasiada aceptación; mamá, que se refugia en sus migrañas y en sus malos humores; Anne, la hermana mayor insolente, y Paul, el hermano idolatrado, que casi siempre está fuera, en la universidad. Nadie puede imaginar –se diría que lo hacen deliberadamente, tal es la sensación del lector– lo que le ocurre a la muchacha desde que su abuela muere tristemente de cáncer y a Malvina, su nieta favorita, le encomiendan la tarea de visitar al abuelo para animar al pobre anciano y llevarle golosinas cual moderna Caperucita Roja. El padre de Malvina suele estar allí para llevarla a casa, pero no siempre, y es en esas circunstancias cuando empiezan los sórdidos incidentes.
Malvina sigue siendo una chica encantadora, en particular cuando la vemos en compañía de Lizzy, su mejor amiga, con la que a pesar de todo todavía es capaz de animarse a bromas y juegos imaginativos, y también en compañía de un chico apodado "Klatsche" (o sea "matamoscas"); Malvina le golpea la nariz hasta que empieza a sangrar, pero pronto se convierte en amigo y, más tarde, será un primer novio lleno de comprensión. Pero durante mucho tiempo, demasiado tiempo, es incapaz de confesarle a nadie la pesadilla que le está sucediendo. Lo único que está dispuesta a decir, incluso a sí misma, es que cada vez que va al apartamento de su abuelo la atrapa «una gran burbuja gris». Un paulatino incremento de la tensión marca esta parte de la novela, a medida que Malvina va sintiéndose cada vez más y más desesperada, vencida e indefensa, hasta que por fin encuentra a quién contárselo.
Es un relato triste, pero motivador en último término, en el que oímos una voz propia y un mensaje que es necesario difundir. Ha obtenido el renombradísimo Oldenburger Kinder- und Jugendbuchpreis, premio para debutantes en la literatura para niños o adolescentes, y sin duda disfrutaría también de buena acogida entre nosotros. «Un libro que inspira valentía. La valentía de afrontar la verdad y decirla. De forma clara, precisa y poética.» – Mirjam Pressler«Hay libros que te hacen feliz de estar en este negocio, que te llenan de gratitud, de gratitud por el gozo sin mácula que se experimenta leerlos. "Rotkäppchen muss weinen" es uno de esos infrecuentes regalos.» – Sylvia Mucke, Eselsohr#
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