Rowohlt, septiembre 2009, 160 págs. ISBN: 978-3-498-07368-8 Autor&DerechosEn el arranque de esta lectura original y encantadora que es la nueva novela de David Wagner, el protagonista comienza su compra habitual en la sección de frutas y verduras del supermercado cercano; pero comprueba que las cuatro manzanas que ha elegido pesan exactamente un kilogramo, y ello le lleva a pensar si acaso este es un día especial por alguna razón. No lo es, por lo visto, sino un día más como cualquier otro; el peso de las manzanas se debía al camino hacia la estandarización emprendido por la agricultura moderna, y no a una coincidencia cósmica.
Tras reflexionar sobre los métodos intensivos para el cultivo de frutas y verduras, el narrador pasa a sopesar la historia del carrito de la compra antes de encaminarse a la sección de pizzas congeladas. Reconociendo sin recato que ha probado todos los sabores de las pizzas que vende el supermercado, plantea entonces que por más cuidadosamente que uno abra el envase, retire la cubierta de plástico y coloque el producto en el horno, siempre será en último término una comida triste. Es una idea que tuvo por primera vez al ver una fotografía de cómo preparaban las pizzas en una fábrica unas mujeres con guantes azul claro y el pelo recogido en redecillas; una de sus numerosas reflexiones sobre los orígenes de la producción alimentaria en masa y la disparidad entre la realidad y las imágenes publicitarias.
Y así prosigue el protagonista su camino entre pasillos repletos de tartas Selva Negra congeladas, espinacas congeladas, salsa boloñesa orgánica vegetariana, ravioli de setas, pescado fresco, embutidos, queso, sal y pan, en dirección a los champús, detergentes y diversas clases de desodorantes, inspeccionando discretamente los carritos de otros clientes. Examina la invención del palito de merluza gracias a Clarence Birdseye, y también la historia del supermercado como tal: para ello nos describe el Saunders’s Piggly-Wiggly de Memphis, Tennessee, abierto en 1916 con el objeto de propagar la revolucionaria idea de que los clientes se sirviesen ellos mismos.
Entretejida con estas cavilaciones va apareciendo el segundo hilo argumental de la novela: una relación amorosa que ha llegado a su fin. Diversas secciones del supermercado hacen que el protagonista se acuerde de la chica que ha perdido. Así, va recordando las listas de la compra que ella escribía, sus opiniones sobre la pasta y la salsa, la última vez que fueron juntos al cine, cómo el olor del detergente le hace acordarse de ella, unas vacaciones que pasaron en Venecia, cómo, ahora que se ha ido, él ya no devuelve en el supermercado los cascos de las botellas, y, también, el aborto que dio pie a que se terminara la relación.
Unas páginas reflexivas que dan que pensar, y un comentario contundente sobre la sociedad contemporánea. «Una primera novela que roza la perfección.»– Die Zeit sobre "Meine nachtblaue Hose"#
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