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Piper, enero 2010, 252 págs.
ISBN: 978 3 492 05361 7 Autor&DerechosLos lectores, absortos, quedarán atrapados en este retrato psicológico elegante y sutil, basado en un episodio único en la historia de la medicina. Ciega desde los tres años de edad, Maria Theresia Paradis posee unas dotes musicales prodigiosas, y ya en su juventud es una pianista y cantante de talento pasmoso que actúa por las cortes europeas anunciada como «ciega genial». Un título de honor que se ve amenazado cuando el célebre médico vienés Franz Mesmer logra una mejoría en su vista, con lo que queda puesto el escenario de esta conmovedora historia de ambición mal orientada. La novela da cuenta de cómo se desmorona la relación entre Mesmer y Maria Theresia, sin que la pasión tenga posibilidad de aflorar por ninguna parte ni en aquella opresiva sociedad ni en la narración, y al tiempo también de cómo se viene abajo la posición de Mesmer en la sociedad austro-húngara, con el resultado de que se refugia en París pensando que allí será más apreciado su talento.
Walser se representa esta relación doctor-paciente como una terapia protofreudiana mediante el diálogo, con resonancias sexuales y un elemento de transferencia. Maltratada por sus anteriores médicos, Maria Theresia usa una enorme peluca para cubrir su cabeza, calva y llena de cicatrices. Pero al recobrar la visión en la clínica privada que Mesmer dirige en su propia casa, se debilitan también las destrezas musicales de la joven, con lo que sus dominantes padres rechazan el tratamiento de Mesmer alegando conducta indecorosa, un reproche que parece deberse a los celos y al temor de que se pierda la prometedora carrera musical de su hija. La vista de Maria Theresia empeora como era de esperar, y ahora es capaz de retomar sus conciertos. Al concluir la narración, vemos cómo Mesmer busca a Maria Theresia en uno de sus recitales, un tentador final abierto que rehúsa manifestarse acerca del carácter de la relación de ambos y acerca de si Maria Theresia conserva o no algo de visión. Y nos despedimos igualmente de Mesmer en el momento en que lucha por establecerse en París, sin que el lector obtenga respuestas sobre qué camino seguirá su vida y su carrera.
Walser nos ofrece una obra de hermosa composición que se aparta de la novela histórica usual al no limitarse a seguir meramente los cambios de la trama; pues aquí la música está presente no sólo en la pasión que comparten por ella los personajes, sino también en la prosa misma. La autora ha realizado una meticulosa labor de investigación que da como resultado la maravillosa autenticidad de sus descripciones de la Viena de finales del siglo XVIII, con vibrantes escenas en las que se refleja también su destreza como artista plástica. La conclusión frustra nuestras expectativas de un final emocionante, pero a cambio provoca un estado contemplativo muy satisfactorio.
«La espera ha terminado por fin: "En el principio la noche era música" es un texto sutil, delicado y emocionante, y una novela sobresaliente.»– Die Presse
«Una demostración de inventiva.»– Die Zeit
«¡No hay que dejarla pasar!»– Brigitte
«La magia lingüística de la novela provoca sensaciones con cada línea. Una verdadera caricia para el lector.»
– NDR Kultur«Un debut de impresionante fuerza narrativa.»– Focus#
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