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Bettina Balàka

Eisflüstern
(El susurro del hielo)

Literaturverlag Droschl, 2006, 392 p.
ISBN: 9 783854 207 108

Esta descarnada novela tiene un componente de argumento detectivesco que da cohesión a la trama. Pero, yendo mucho más allá, ofrece también una profunda comprensión de la mentalidad de un soldado que vuelve de un sombrío escenario bélico, los reajustes que tiene que hacer –y que, muchas veces, no consigue- y, en este caso concreto, algo aún más específico: las razones del clima moral de la Austria del periodo de entreguerras. El auge del antisemitismo era uno de los elementos, desde luego. Pero había también otros muchos hilos argumentales de odio, amargura, envidia y malestar que, simplemente, solían escapárseles a los visitantes británicos, cautivados por el consabido colorido y encanto austriacos.

Empecemos por el escenario policiaco: Balthasar Beck regresa a Viena tras sus experiencias en la Primera Guerra Mundial en el ejército austriaco, que incluyen varios años de prisión en Siberia y un periodo durante el que luchó al lado del recién formado Ejército Rojo en la Revolución Rusa. Al principio, está demasiado destrozado incluso para volver a casa, pero tras superarlo termina pidiendo incluso ser readmitido en la policía. en su anterior función de agente. Y aquí se ve casi de inmediato precipitado a la escena de un horrible asesinato, en el que el rostro de la víctima ha sido mutilado, arrancados nueve de sus diez dedos y la espalda azotada con una "nagaika", una versión particularmente atroz del látigo de nueve colas. Aparecen nuevos cadáveres, y el mismo Beck cae bajo sospecha cuando sale a la luz que conocía a dos de las víctimas de su época en Siberia. Hay que esperar hasta el final, cuando el verdadero autor de los crímenes se pega un tiro, para que casen por fin los pormenores de esta historia de horror en tiempos de guerra.

Un libro de gran fuerza, y no en último término por los detalles que Bettina Balàka nos hace vivir: la gran diferencia al principio entre el rancho de oficiales y el de tropa; los vestidos hechos de papel cuando, al terminar la guerra, no eran ya necesarios los uniformes; el cereal crudo; los piojos; las enfermedades venéreas; los fragmentos corporales que caían en el frío extremo y el crujir del aliento congelado. Con todo esto sin dejar de rondarle la cabeza, el protagonista teme que un niño pueda ver en su interior y quedar envenenado como consecuencia. Qué veredicto, y qué verdad.